domingo, 28 de mayo de 2017

Sin embargo

Ya vislumbré la salida
de la oscura materia,
hallé la causa perdida,
recompuse mis bacterias,

me desperté de los sueños
que nadie nunca ha soñado,
me rescaté de un empeño,
canté sin notas ni enfado,

pinté todas las estrellas
del infinito del cielo,
y borré todas las huellas
de los mundos paralelos.

Sin embargo, no consigo
derogar la sed y el hambre,
cambiar la lupa al ombligo
de este planeta cochambre,
creer cada cosa que digo
sin atarme con alambres
ni soportar el castigo
de vivir en este enjambre.

Ya dí con la cuadratura
de los círculos viciosos,
aprobé la asignatura
pendiente de los ociosos,

saqué ojos de serpiente
doblando cubos de dados,
bebí agua en la fuente
de los inmortalizados,

hice un máster con las ruinas,
trisequé mi ángulo muerto,
doblé todas las esquinas
y ya sé volver del huerto.

Sin embargo, no consigo
derogar la sed y el hambre,
cambiar la lupa al ombligo
de este planeta cochambre,
creer cada cosa que digo
sin atarme con alambres
ni soportar el castigo
de vivir en este enjambre.

jueves, 20 de abril de 2017

Tras el faro de Dakar

-cuartetas para Ángel Petisme-


Corren tiempos represivos,
de gobiernos heredados,
de censores coactivos
y corruptos respaldados.

Se negocia con el miedo,
se rescata a los raptores,
guardan luto los albedos
y se desahucia a menores.

Hay que derribar murallas,
fronteras con concertinas;
borrar del agua las rayas
y desahumar las cortinas.

Nos faltan más insumisos,
más acción y movimiento.
Se precisan compromisos
y un nuevo renacimiento;

menos cohechos habidos,
más abriles y más mayos,
más claveles y latidos,
sin déspotas ni lacayos;

recuperar la memoria
de todos los olvidados,
pasar curso en historia
con presente aprobado.

Pero existe en Mamelles
un corazón con luz propia,
un barco maño sin muelles (1)
que despierta de la inopia,

una tristeza de lujo,
un billete sin caricias,
una verdad sin tapujos,
el faro de las pudicias,

un Pöe-mail sin Edgar Allan, (2)
la huella de las ciudades,
los confines que señalan
que no hay trivialidades.

Sopla el viento por popa,
debemos izar las velas:
ya guardaremos la ropa
cuando se gaste la suela

de las retinas leyendo
“El faro de Dakar”.      
                                            Gracias,
Petisme, por seguir siendo
ministro… de las acracias.



Escrito con algunas referencias del poemario y cancionero de Ángel Petisme.
1.- Perdón por la rima forzada
2.- Leer: un poemail sin cuentos fantásticos

jueves, 6 de abril de 2017

Para ti

Pensé que ya se habían expuesto
los vuelos de demasiados gorriones;
que ya no había más presupuesto
para hablar de besos con pretensiones;

que los rayos del sol causan tumores
-¡cómo compararlos con tu mirada!-;
que no hay alma, sino estertores,
y falsas promesas en la alborada;

y no quise enmendar las autorías
de l@s grandios@s poetas que leí:
confundí tu gesto cuando me leías,
pues en ningún momento advertí
que lo que tú, tan sólo, pretendías
es que yo lo creara para ti.

Pensé que la sed estaba saciada,
salvo en los pueblos del tercer mundo;
que, tras la muerte, no nos queda nada;
que era inútil todo cuanto fecundo;

que demasiadas flores marchitaron
al antojo de baldías ofrendas;
que a la luna ya la parcelaron;
que éramos mayores para leyendas;...

y no quise enmendar las autorías
de l@s grandios@s poetas que leí:
confundí tu gesto cuando me leías,
pues en ningún momento advertí
que lo que tú, tan sólo, pretendías
es que yo lo creara para ti.

viernes, 10 de marzo de 2017

Género: humanidad

Odio los juicios de valores
dispuestos por los patriarcados,
a quien mata, y sus protectores
que nunca salen escaldados:
El mayor de nuestros errores
es darle credo al pasado.

Y me rasgo las vestiduras
con la cínica tolerancia
de mentes cruelmente inmaduras,
mansas con tradiciones rancias:
El pasado sólo se cura
sin sofismas desde la infancia.

No hay valores superiores.
La vida no es usufructo
para dueños ni protectores,
ni el género un salvoconducto:
En el orden de estos factores
sí se altera el producto.

Yo soy mujer, y yo soy hombre,
congénere de humanidades,
y tengo todos los pronombres,
todos los colores y edades:
erijamos por antenombre
lo plural de las sociedades.

jueves, 9 de marzo de 2017

Al raso

Tras el fulgor de los ocasos,
los paisajes avivan llamas,
deseos que duermen al raso
y no se andan por las ramas.

Ese horizonte frataso
con las notas del pentagrama
que siempre llegan con retraso
de mi corazón a tu cama.

No busco ninguna excusa,
sólo voy uniendo fonemas
y surgen palabras intrusas,
aspirantes a ser poema.

Me ubico en la hipotenusa
de tu paciencia, por sistema;
mi gaya ciencia es infusa
y yo otro maldito problema.

Tan sólo soy un error craso,
desconozco cómo se ama,
sé bien de qué se me acusa
y que rompo con los esquemas.

viernes, 24 de febrero de 2017

Cascabeles

Me encontraba aguardando la señal
que indicara la ruta que seguir,
lo consideraba muy racional
pues así me enseñaron a vivir.

Y fueron pasando días y días,
incluso meses que se hicieron años:
sólo acrecentaba la agonía
por un porvenir digno de rebaños.

Cansado, por fin, de largas esperas
decidí no aguantar, revelarme
contra apariciones o lo que fuera
que su camino quisiera mostrarme.

Sentí tentación de compadecerme
del unísono son de cascabeles
y percibí que era yo el inerme
al despojarme de aquellos cinceles.

Tracé mi camino con la inquietud
y cierta avidez de conocimiento,
distanciándome de la multitud
y luchando contra marea y viento.

Me asombré de toda mi ignorancia
según me deshacía de sofismas
y encontré sosiego en la distancia
de dioses, iconos, creencias y prismas.

No oculto un ánimo de perturbar
ni tengo ánima para profeta,
tan sólo quería poder volar
como las aves, como los cometas.

No se debe aprender a empellos:
Fue quitarme el collar de cascabeles
y descubrí un pie sobre mi cuello
y mi mala testa sobre cimbeles.

sábado, 18 de febrero de 2017

Dotes hereditarias

Me incluyeron en la dote
del legado de un tirano
incluyendo en el lote
derechos de ciudadanos.
La transición de estrambote
encauzó al ser humano
al redil sin dignidad
de clases sin igualdad.

Del déspota al cazador
impuesto a semejanza
que un césar vil y traidor
con su helena, con su crianza,
su vitalicio hedor
y su censura a la chanza.
Campechano quiere ser
sin honrar ni a su mujer.

Y mientras, la corruptela
instalada a conveniencia
consiente que la zarzuela
expida, sin más, licencias
a toda la parentela
en contra de la decencia,
y nos dan gato por liebre
antes que el romano quiebre.

Este país que aborda
los paquebotes con buques
y sus fronteras las borda
de espino –salvo a duques-,
convive bajo una horda
que no hay quien la reeduque.
¡Maldita la tradición
que involuciona a traición!


Notas: La única aclaración es que el verso 14 no es un ripio.

Ligar en Peloponeso

El olvido se instaló
camuflado de verdad;
tarde y mal se observó
que fue por la vanidad.

En el camino estaba
todo el aprendizaje,
cuanto se necesitaba
para continuar el viaje.

El tiempo fue relativo,
continuos ir y venir,
avaro superlativo,
apenas sobrevivir.

Eché atrás la mirada
y pude ver el futuro:
Vuelta a los cuentos de hadas
y, al plebeyo, más pan duro.

Así, la evolución
se fue involucionando,
volvió la revolución
y sus volutas de bandos.

Y pasará, no lo dudéis,
de nuevo, este proceso:
No aprendo, no sabéis
ligar en Peloponeso.



Bailemos, pues,
waltzing maldita,
al derecho y al revés.

Waltzing maldita (Luis Eduardo Aute)

Cinco estrellas

Nö hace falta que disimules
manipulando mil excusas,
busqué debajo de tu blusa
el blues de tus ojos azules
y me encadenaste al nido
del tedio con tus leotardos
ahogando mi voz de bardo
y mis sueños ya se han ido.

Tengo cinco estrellas
guardadas en mi patio
de media pensión
junto a una botella
de cuarenta y seis vatios
y, en conservación,
un corazón sin brillo
al candor de un pitillo.

Al principio, fueron promesas,
pentagramas sobre la cama,
besos de andar por las ramas,
sueños fútiles en calesa
que se fueron desvaneciendo
a medida que mis legañas
te convertían en extrañas
albas que iban envejeciendo.

Tengo cinco estrellas
asediando mi patio
de media pensión.
Guardo en la botella
de cuarenta y seis vatios
su conversación.
Al candor de un pitillo
voy perdiendo mi brillo.

Pasaporte en Guedes

Hoy que Troya es una sucursal
intervenida por el efe-eme-í,
que la memoria se entierra con cal
profanada bajo el Sinaí;
hoy, que el presente viene con retraso,
Ramsés pierde la plaza de Tahrir,
los ídolos moran en el ocaso
y los dioses dicen cómo parir.

Saquémonos el pasaporte en Guedes,
saqueemos los bancos del paraíso,
destruyamos paredones y redes,
pongamos la verdad en decomiso,
fiscalicemos lo poco que quede
y banalicemos bien lo impreciso.

Hoy que cotiza en bolsa a la baja
tener tu origen en Ghana o Benin
y cualquier cultura se resquebraja
en la aduana del estrecho de Bering;
hoy, que Atila riega el jardín
del Edén sin rastro de los sumerios,
un blanco expropia al negro Caín
y dice que no existe vituperio.

Apuremos hasta la última gota
del vino teñido de los fenicios,
cantemos desentonando las notas,
no nos amparemos más en auspicios
y acabemos con todos los idiotas
que mantienen gobiernos subrepticios.


Publicado en la “Revista Ombligo” (Ciudad Juárez –México-), el 13 de mayo de 2013

A quien abraza la musa

Adivino tu travesura
detrás del marco de la foto
aliviando la calentura
de unos sentimientos ignotos.

La sábana describe el tacto
que ansía pintar mis dedos
temblorosos mientras redacto
tu autorretrato sin denuedo.

Un horizonte con molduras
cubre mi mejor perspectiva
de no ser por la comisura
en que se centra mi misiva.

Tu pelo, rebelde y lozano,
oculta las zonas sensibles
por donde se pierde tu mano
en una actitud aplacible.

El contorno de tu cadera,
con la sonrisa de su pliegue
que se pierde tras mi quimera,
casi provoca que me ciegue.

Pero quedarás inconclusa
si entre mis versos no encuadro
que a quien abraza la musa
es a mi ausencia de tu cuadro.

Luz fugaz

Luz fugaz e intempestiva,
firmamento de farolas,
tenue onda expansiva
reflejada en las olas.

Así, mi sombra divaga
conteniendo las mareas
en el peaje que pagan
los mares ante la brea.

Las horas tornan maduras
en los sueños de personas,
el filo de la cordura
es la voz que desentona.

Un corazón me conmueve
con su ligero latido
apenas audible, leve,
tras su visillo tupido.

Por cima de mi cabeza
un biombo de negras nubes
me impide ver con certeza
la forma de mi querube.

El aire silba a su antojo,
juguetea con la arena
disimulando despojos
donde la mar no se drena.

No hay sirenas que canten,
al horizonte me quejo
arrojándole mi guante
que, en cambio, no llega lejos.

Empieza a asomar la luna,
observo todo desierto,
no queda razón ninguna
para soñar… Me despierto.

Octavillas para Teresa Naranjo

Náufraga de las retinas,
¡me “cagüen” la mar salada!,
tus palabras son morfina
con sinécdoques domadas,
verbos que no se refinan,
sujetas bien predicadas,
emociones que dominan
el sueño con la almohada.

Gemido de papel roto,
apuesto tu escupidez
y la izquierda de mi escroto
al des-coloquio, ¡pardiez!
Bandera de blanco roto
contra la ordinariez,
deshojada flor de loto
que lucha con timidez.

Te recuerdo sin nombrarte
como un Naranjo en flor,
“rememberando” con arte
el derecho del dolor.
Después, logras escaparte
en llantos al portador.
Oso pues, en acusarte
de emisaria del valor.

Octavillas para Arantxa Oteo

Es la mujer de colores
que entre leones camina,
anarco hada sin loores,
pedigrí de mis retinas,
el ardor de los primores
de sonrisa peregrina,
el amor de los amores
de “almigos” sin rutinas.

Es más ley que teorema
su dedo sobre la pista,
más aguda que un poema
y más hambre que la lista,
alma negra del sistema
con corazón naturista,
mi sueño, su voz, mi emblema,
mi piel exhibicionista.

Para esto yo me empleo
por que compartamos mapa,
cada suspiro releo
versos de una mujer guapa
de guiños y cosquilleos,
de corazón y solapa.
Querida Arantxa Oteo,
besitos a “roscachapa”.

MI DO de pecho

Mi Do de pecho,
Fa# -sostenido- de pulmón,
mi ojo derecho,
mi sulfamida al corazón.

Mi hermana chica
re-cita lo que canto yo.
Mi as que pica
en re-mi-fa-sol-la-si-do.

Ella recuerda
todo con lo que yo soñé,
no se acuerda
del futuro que no tendré.

Mi dolce vita,
la vida sin recibidor
se da, se quita,
se exhibe sin expositor.

Mi brut, mi bruja,
mi corredor hacia la suerte,
mi hilo, mi aguja
y mi punto flaco más fuerte.

Si se acuerda
del futuro que no tendré,
ya no recuerda
que sus mismos sueños soñé.

Otro tren

Otro tren que se pone en marcha
sin destino ni despedidas,
descongelando la escarcha
que cicatriza mis heridas.

Borrará huellas de lamentos
que pretendí pisar con garbo
rechazando medicamentos
que tapan todo lo que escarbo.

Otro tren parte sin motivo
ni pasajeros corazones,
con aire donoso y altivo
airando mis humillaciones.

Quebrará vientos a su paso
que rozarán mi ventanilla
y provocarán un retraso
para cumplir mi pesadilla.

Otro tren que se descarrila
con mi acervo de soledades.
Viajo en la última fila:
Estas son mis ambigüedades.

Arando el agua

Nos cruzamos en el camino
al que llevaban mis tropiezos:
Yo resultaba auto dañino;
tú, lo mejor de mis comienzos.

Tus ojos eran del color
oscuro del cielo infinito;
mi vida, tan sólo un rumor,
con mentiras que han prescrito.

Arando el agua, quisiera
arrancar la raíz tectónica
del dolor pero ¿quién pudiera?
la evolución es lacónica.

Quise escapar de tus enaguas
y me vi saltando la comba
sobre una raya en el agua
hasta que me cayó la tromba.

Después, me borré la sonrisa
de las solapas de tu escote,
aposté hasta la camisa
y acabé en un paquebote.

Arando el agua, yo quiero
conseguir la calma del mar
y, tras mis versos bordoneros,
no tener más que alegar.

lunes, 13 de febrero de 2017

Mai, chiquita

Mai, chiquita piconera,
hermanita visceral,
corazón de caletera,
digno vicio hormonal

como salida de un cuadro
que pinta mi soledad,
pulcra imagen sin baladros,
bendita debilidad.

Mai, chiquita piconera,
con los ojos de misterio,
mi mentira verdadera,
mi pasión en cautiverio.

Prenda de mi pensamiento,
síncope de mi camino,
labios de confinamiento
y caminar paulatino.

Mai, chiquita piconera,
en tu bordón hay suspiros
con una raíz fandanguera
que versiona mi retiro.

Mi corazón

Mi corazón está contento,
¡vaya mierda de corazón!
pues se me jodió el invento
con que explotar la desazón.

He ganado la lotería,
los análisis están bien,
me quiere quien yo más quería
y, además, me pone a cien.

¡Qué ultraje!, ¡no soy creíble!
¡Ni tan siquiera tengo tos!
¡No puede ser, es tan terrible!
Y, encima, no me juzga un dios.

Mi corazón está contento,
¡vaya mierda de corazón!
Si no lo escribo, reviento,
y me quedo sin su canción.

De Jota de corazones

Otra vez, de Jota de corazones
suspirando por unos nuevos besos,
para conquistar nuevas emociones
con un afán indolente y travieso.

Soñar con volver a cambiar el mundo,
y bailar y bailar hasta la aurora
con la edad que dan los vagabundos
cuando aprenden a contar las horas.

Nuevamente, con la Sota de copas
tomando a la noche por destino,
bañarse en fuentes públicas sin ropa
y brindar por Margarita Cansino.

Recuperar el rojo de los ojos,
perder el sentido de madrugada
y encerrar las penas bajo cerrojo.
Al amanecer, doblan las baladas.

De vuelta al sendero de dar la nota,
loco por vivir, pero al contrario.
La experiencia no es la derrota
sino el currículo del horario.

Ni del Toboso

Sea más que un piropo lo que la eche
con los versos que pongo en mi cantar.
Su piel es blanquecina como la leche,
pero como antaño, sin desnatar.

Su cabello es oro de mil quilates,
en su frente cobija mi deslealtad
y sus cejas asombran a tantos vates
que ensordezco, cantando, mi soledad.

No resulta tan dulce ni es del Toboso,
no comprendo que tenga tanta belleza
si sólo sirve para que mi cabeza
pierda cada combate sin un reposo:
Lejos de ser poeta para colosos,
termino escribiendo, sin más proeza.

Sus ojos son las lunas pardas felinas,
sus morritos son finos como coral,
sus colmillos son perlas pulcras y finas
que me colman con rabia mi sed labial.

Pecho de mármol, pezón de alabastro
sobre una tripita sin cicatrizar,
donde jamás se inscribe mi arduo catastro,
ninfa sin nenúfar, núbil sin amar.

No resulta tan dulce ni es del Toboso,
no comprendo que tenga tanta belleza
si sólo sirve para que mi cabeza
ponga cada combate a buen reposo.
Lejos de ser poeta para colosos,
sólo sé declararme sin sutileza.

Horizontes

Su biografía se escribía
con tinta seca de las nubes
que inundaban otros parajes,
con pasados del mismo día
y gamberradas de querubes
pero sin ceder al chantaje.

La ceguera no delimita
los datos de la geodesia
ni el argumento de la historia,
tan sólo es algo que evita
y la tradición es la amnesia
del origen de la memoria.

Por eso, brillaban sus ojos
como las estrellas fugaces
desde galaxias ignoradas
que sirvieron de trampantojos
de esperanza para incapaces
de soportarse entre la nada.

Fue, sobre estos turbios cimientos,
donde icé mi bandera de humo,
basé mi exigua existencia,
procedí sin venir a cuento,
maté al cadáver que exhumo,
sosegué mi mala conciencia.

Donde acababan sus huellas
comenzaba el horizonte,
en la resaca de los mares,
donde se cuelgan las estrellas
y se produce la simbionte
de las lunas con sus lunares.

Allí, reposo en mi tumba
tratando de vivir soñando
con el aroma de la ausencia
de la palabra que retumba
en las cabezas que, rogando,
falsean su inane existencia.


© Juan Calle

De boca en boca

Las mil gaviotas de tu despedida
han sido todas enterradas ya
bajo los escombros de las envidias
que, por ti, rondaban en la ciudad,
hurgando sobre las viejas heridas
que no lograron dejar de sangrar.
Pues ni bajo este punto de vista
puedo enjuiciar si está bien o mal.

Tengo el temor de no comprender
lo que es la vida en la realidad.
Espero que los padres del saber
erraran con su forma de pensar.
No me puedo creer que exista algún dios
y, cada cual, con su definición.

Aquellos mirlos que te despertaban
emigraron, quizás hacia el sur.
Sientes esa ausencia cada mañana
y aún nadie te ha dedicado un blues.
Piensas sobre tu existencia sin ganas
y te jode arrastrar tu ataúd.
¿Y quién se sabe príncipe o rana,
o si todo acaba cuando tú?

Tengo el temor de no comprender
lo que es la vida en la realidad.
Espero que los padres del saber
erraran con su forma de pensar.
La única prueba de existir un dios
la puso el dinero y su ambición.

Mas hay quien piensa que, sobre estas cosas,
no se debería nunca pensar.
Tal vez, quien piensa es quien se equivoca
y, tal vez, nunca hallemos la verdad.
Tal vez, el rumor, de boca en boca,
nos evada de la realidad,...
Ayer se cayó una torre, se nota
que nada dura la eternidad.

Ya no le temo a no comprender
qué son la vida y la realidad.
A mis padres les debí el saber,
a mijita mi forma de pensar.
Si alguna vez existió algún dios
fue demagogia de una dilusión.

El rayo de esta canción

Rayos ultravioletas en el cielo,
* un ramilletillo de penitencia,
un cigarro marcándome un consuelo,
esperma congelado por herencia,

ojos turbios, rimas de Baudelaire**,
tres fracasos sueltos en mi bolsillo,
amantes como Simone de Beauvoire**,
la serenata nocturna de grillos,

una puerta que no tiene salida,
la vocación con labios de papel,
una gaviota -sobre el mar- perdida,
una mirada color de clavel,...

Busco el estribillo
de mi canción
que, como un lazarillo,
dé la razón;
con un verso cualquiera
algo afín
al son de mi quimera
y me dé fin.

Los cuernos que duermen sobre mi cama,
ojos que atraviesan mi corazón,
el sabio que se anda por las ramas
rotas por el rayo de esta canción,

el sentido que tiene la paciencia,
la paciencia que tienen los sentidos,
la revolución por la independencia,
-¡qué mal me caen todos los maridos!-,

la lluvia sobre la que siempre bailo,
las largas piernas que pisan mi mente,
algún verso que me rime con "bailo",
un sueño contigo que es indecente,...

Busco el estribillo
de mi canción
que, como un lazarillo,
dé la razón;
con un verso cualquiera
algo afín
al son de mi quimera
y me dé fin.

El grito que hizo reventar mi copa,
ofertas de Hollywood al Pernales,
lo que tardas en quitarte la ropa,
las de Femen sí van por naturales,

Lazarillo al volante de un Rolls Royce,
una lágrima llorando por ti,
siempre una maldita sombra donde voy
y una mujer especial donde fui,

una canción de Morrison o Lennon,
la que cantamos los malos maridos***,
la rubia acosando en el centeno,
las palabras con las que me despido,...

Busco el estribillo
de mi canción
que, como un lazarillo,
dé la razón;
con un verso cualquiera
algo afín
al son de mi quimera
y me dé fin.


* El ramilletillo (popular castellana recogida en el cancionero de Agapito Marazuela)
** Licencia del autor
*** Fito Páez y Joaquín Sabina

Como ciegos en la mar

... Y, de repente, rompió a llover;
y las parejas se fueron metiendo
en soportales y, a todo correr,
los críos fueron desapareciendo.
Alguno, incluso, bajo su paraguas,
se aguardaba de tantísima agua.

Cual Jim por Stone,
*riders on the storm...

Porque me encantan estas noches rotas,
yo corría con los brazos en cruz
hasta la plaza, calando mis botas,
y allí aguardabas bajo una luz.
Me miraste y alargaste tus brazos;
la lluvia nos llenó de arañazos.

Y bailamos sin parar,
y así fuimos dos amantes
como ciegos en la mar
o dos ladrones sin guantes...
Vale la pena soñar.

... Y, de repente, rompió a llover.
Todos los transeúntes que contamos
perdían su cartón de alquiler
y las margaritas que deshojamos
florecieron pétalos de rencor.
Ritmos compuestos en Sol menor

de la lluvia, again,
**I'm singing in the rain.

Dos cigarros después... fuera respeto,..
y nuestros cabellos se entrelazaron.
La noche desveló nuestro secreto
y las cornetas del cielo tronaron
la de ***"Raindrops keep falling on my head"
**** as we danced on the clay of the dead.

Y bailamos sin parar,
y así fuimos dos amantes
como ciegos en la mar
o dos ladrones sin guantes.
No está tan mal recordar...

... Y, de repente, rompió a llover.


* The doors
** Roger Edens & Al Hoffman
*** Hal David & Burt Bacharach
**** Como bailamos en la arcilla de los muertos (osadía del autor)

sábado, 11 de febrero de 2017

Pájaro sin nido

Tu voz no paró de temblar,
pequeño pájaro sin nido,
cuando me venías a dar
un beso en el paladar
cicatrizado de mi olvido.

Como los pájaros sin nido,
no entendías de fronteras
y llegabas hasta mi oído
como si te hubiera herido
haber soltado tus caderas.

Como quiera que consiguieras
levantarme del mausoleo
que es mi cama sin tus esferas,
quemé mis naves sin banderas
para convertirme en tu reo.

Y, aunque decirlo esté feo,
compartimos la misma jaula
mas el horizonte que veo
es tal y como lo deseo:
sin trampa ni carantamaula.


© Juan Calle

Un poema nuevo

Acalla mis estruendosos silencios,
miénteme con cierto aire turbado;
igual que los amantes del invierno
durante las tormentas de verano.

Aplaca los llantos de mi impotencia,
bésame con celo y con avaricia,
y afila el odio con que la inercia
se encargará de cubrirte de heridas.

Tan sólo soy un poeta cobarde,
de baja pasión y sueños ruidosos,
con los sentimientos a pie de fraude
y de pulso en continuo reposo.

Y vendrá el título del poema,
coagulará la sangre del verso,
ya no querrás lamer más sus eccemas
y habré de buscar un poema nuevo.


© Juan Calle

domingo, 5 de febrero de 2017

De la historia

Si dices que es tradición
no utilizas la razón,
me desvelas tu ignorancia
o careces de memoria;
o, lo que es aún peor,
que quieres, con tu arrogancia,
fulminar lo anterior
de la historia, de la historia.

Tienes la cabeza dura
si me cuentas que es cultura;
me muestras que la careces,
que sólo quieres tu gloria,
que no sabes de qué hablas.
No veo arte en que reces,
sólo miedo a las tablas
de la historia, de la historia.

Quieres que te pague el vicio
y me ponga yo un cilicio,
que acate tu enseñanza
aún siendo contradictoria
con la racionalidad.
Pues he aquí mi venganza:
es mentira tu verdad
de la historia,... sólo historias.

Es cínica tu propuesta
porque no quieres respuesta.
Exiges que yo respete
que vejar sea victoria,
que pisotees mi conciencia
y que, encima, lo complete
renunciando a la ciencia
y a la historia de la historia.


© Juan Calle

domingo, 29 de enero de 2017

Auto invectiva

Dicen que el tiempo da la razón.
Las flores que quisieron plantar,
como losas, en mi corazón
han empezado ya a marchitar.

Fuga perenne del desazón
con la que conseguí desbarbar
a esta hipócrita introspección:
¡Tendré, de nuevo, que inventariar!

Mi auto invectiva no impedirá
que se prolongue mi cicatriz.
Quien me critique no logrará
colar ideas por mi tamiz.

Yo apuesto contra mi canción,
echo cuentas, vuelvo a perder
y, para darle más emoción,
la tarareo sin componer.

Improviso notas en mi Lag
 y un ukelele de Nueva York,
trasteo mis dedos en zigzag
mas no consigo que salga un rock.

Mi auto invectiva no impedirá
que vuelva a cometer un desliz.
Si me critican, qué más da,
más áspero será mi tamiz.

Dicen que el tiempo da la razón:
ahora duermo sobre el adoquín.

Abajo la discriminación;
cada cerdo con su sanmartín.

Es absurda cualquier recensión,
no acudiré al alfaquín.

Con esto acabo mi canción
que, como todo, tiene su fin.


© Juan Calle

Muerte

Muerte, lejana amante que me rozas, 
torpe mujer enlutada que gozas 
con la irónica broma de vivir. 

Muerte, pechos de luna ensalzados, 
futuro prometedor sin pasado, 
largo sueño que no dejas dormir. 

Muerte, destino de mis esperanzas, 
afilada excusa de venganza, 
insoportable tedio de morir. 

Muerte, tan súbita, tan repentina, 
oculta detrás de la nicotina 
que proporciona cierto elixir. 

Muerte, dama embriagada de vino, 
sangre de tierra cual alcohol divino 
y paradoja vital de parir. 

Muerte, luz final para los espacios, 
permite que me muera muy despacio 
para comprender qué fue existir. 


© Juan Calle

Fumadora pasiva

La madrugada llora por tu ausencia,
la luna aleja su mirada ausente
y el cielo se convierte en una agencia
para amores urgentes.

Las farolas ensombrecen mis pasos,
los ocho vientos silban la canción
de tu olvido –ahogado en vasos-,
tal vez, sin ton ni son.

Las sonrisas indiscretas me miran
tras los visillos de la impertinencia
y las agujas del reloj deliran
buscando mi abstinencia.

La atmósfera me pide un cigarrillo,
me dice que es fumadora pasiva.
Lo prendo, la pinto a carboncillo
y aspira pensativa.

Los árboles hostiles bombardean
sin piedad en los capós de los coches,
los sueños fugitivos alardean
de sus dueños fantoches.

Los centinelas rinden a Morfeo
una clandestina celebridad,
una pareja se da un morreo
de una eternidad.

Las emisoras sintonizan penas
para noctámbulos mientras escribo,
los secretos salen de la alacena
y me pasan recibo.

La atmósfera pide otro pitillo,
yo ya sé que es fumadora pasiva.
Lo prendo, la pinto a carboncillo
y aspira pensativa.


© Juan Calle

Aquel día

Tú buscaste en el fondo –el de los siete mares-
la llave que libera de la esclavitud.
En negras noches, tantos sueños nos albergaste
que el matiz de las sombras se encuentra en la luz.

Elevaste los valles y allanaste montañas
en busca de un oasis justo y en libertad,
pero jamás pudiste vivir ese mañana
en el que el sol no era firma de propiedad.

Nos mostraste los sanos y blanquecinos dientes
de la fe de la lucha desde la “No violencia”.
Y liberaste, incluso, tantas y tantas mentes
oprimidas y presas, carentes de indulgencia.

Estrechaste las manos entre blancos y negros
para entonar juntos “Somos libres al fin”.
En silencio, abriste cada camino bueno
que en ninguna batalla se pudo conseguir.

El día que osaste no subirte al bus
y caminaste en busca de lograr igualdad
por las calles del Norte, por las calles del Sur.
Aquel día nos diste la opción de soñar.


© Juan Calle

Nota.- Escrito sobre la base del discurso de Martin Luther King en Washington, a quien está dedicado.

¡Ay, corazón!

Me contaba sus sueños de princesa
con voz susurrante bajo la luna,
afirmaba que se encontraba presa
en la celda de torre de alguna
incomprensión.

Yo me recostaba sobre sus senos
alzados firmemente y algo duros
y le contaba mis más y mis menos,
algunos proyectos, mis claroscuros
y una canción.

Ella me enseñó cómo se desglosa,
yo aprendí que no hay horizontes.
Sacó jugo a la más muerta rosa,
mientras yo cruzaba ríos y montes.
¡Ay, corazón!

El oscuro túnel de mis placeres
supuso la aduana para mi Edén,
sus pensamientos eran mis deberes
como para un vagabundo un andén
sin estación.

Tuve que lidiar con sus intenciones,
no soy un tipo que haga feliz.
Suplicaba en verso sus perdones
y le escribí sobre más de un desliz
¡Qué sinrazón!

El eco del cielo guarda a Teresa
al fondo de su mirada perdida
pues me enseñó a soñar con princesas
muy capaces de vaciarte la vida.
¡Ay, corazón!


© Juan Calle

Las flores de loto

Desahoga sobre mis carnes tu odio,
saca partida a mi debilidad
que este personaje que me parodio
no te reprochará tanta ansiedad.

No soy trigo limpio sino cebada
al uso fermentada por mis venas
tú sólo eres una coartada
con quien saciar esta noche mis penas.

Sal del redil de la buena conducta,
deja que se quede solo el mundo,
somos golfos de aptitud corrupta,
plagiemos el Edén nauseabundo.

Allanemos la morada del alma,
conquistemos los corazones rotos,
encabronemos a la mar en calma
y deshojemos las flores de loto.


© Juan Calle

La Gema

¡Maldito Shakespeare, maldito poema
que echa a perder toda mi estratagema,
me planta en la vida con el lema
de si será o no será con Gema!

No ha de suponer ningún problema
pero tengo tanta calor que quema.
¡Bendita nata, más bendita crema
con la que quisiera jugar con Gema!

Del corazón, autoridad suprema,
para quien a contracorriente rema
buscando solución al gran dilema
que se plantea pensando en Gema.

No la veo torpe, fea ni mema,
está más cerca de ser un emblema,
la sal y pimienta, la clara y yema,
la enésima y la primera, la Gema.


© Juan Calle

La poesía y el resfriado

Hay personas que pasan a mi lado
mirando de reojo y con asombro.
Es curioso, porque estoy recostado
y hay quien mira por encima del hombro.

No acostumbro a echarles cuenta,
paso de quien se da tanto postín,
tampoco me provoca ni una afrenta
o menos que este frío adoquín.

Busco entre mis bolsillos papel,
necesito salir de este cochambre,
y con un lápiz escribo en él:
¡Por todos los demonios, tengo hambre!

Para más colmo, anoche hizo frío
y aunque, poéticamente hablando,
quede bien decir que con el rocío
cada mañana me estoy levantando,

que el firmamento es manto de estrellas,
que me mece la luna hasta el día,
me cuestiono sobre tal epopeya
entre mi resfriado y la poesía.

Dicen que el hambre y el frío ayudan
al escritor a andar sobre el alambre,
puede ser pero hasta que estornudan
y yo ¡diablos, ahora tengo hambre!


© Juan Calle

Sentada en la playa

Tus sueños emigraron del sur,
tus raíces fueron trasplantadas.
A los cristales del autobús
aferraste tus dedos y cara

observando perderse de vista
tus amigos, familia y hogar.
Durante tantos años, la vida
resultó un constante emigrar.

Te esbozo sentada en la playa,
la vista perdida en el mar,
maldiciendo un destino canalla
en la vera de tu soledad.

Los ojos de un hombre te engancharon,
eran tan verdes como el mar
de una playa donde se bañaron
parte de tu infancia y mocedad.

Con él fundaste tu propio hogar
a base de costosos esfuerzos…
De nuevo, volviste a soñar
y a crear unos nuevos recuerdos.

La nieve sustituyó al mar,
las arboledas a aquellas playas.
Hoy, ves a tus hijos emigrar,
vuelve a perderse tu mirada.

Mientras, aguardas en la terraza
con la vista en el horizonte
aguardando que llegue a casa
cada componente de tu prole.

Te imagino, niña, en la playa,
tu vista perdida en el mar.
Te veo cuando vuelvo a casa,
formo parte de tu soledad.


© Juan Calle

Mis cuervos

(Ecce homo)

Como ya no cazo sueños
para canciones inertes,
pongo mis versos de empeño
escapando de la muerte.

Devuélveme la sonrisa,
el otoño, la razón,
mi vocación circuncisa,
mi quebrado corazón.

Los cuervos a los que crié
ya, por fin, se emanciparon,
las flores que deshojé
nunca jamás desfloraron.

Quise rimar tus caderas
con el brillo de mis ojos
y, tal vez, lo consiguiera
para mis cuervos bisojos.

Convivimos enterrados
bajo la arena del tiempo
con besos ya marchitados
por un mero pasatiempo.


© Juan Calle

La obra maestra

Compañera de cuerpo frío
sin pirata que te aborde
déjame surcar por tus ríos,
ponle nombre a mis acordes.

Si mi mano se adormece,
mal acabo lo que comienzo,
tu figura se desvanece
tras el huracán de mis lienzos,

eres la gran obra maestra
experta en desgarrar voces
y agitar palmas y palestras
con tus seis cuerdas, diez ó doce.

Quisiera saber encontrar
lo que piensas cada momento
pero no llego a alcanzar
el compás de tu sentimiento.

Estos versos en consonancia
buscan sintaxis con tus notas
mas tu caja de resonancia
me trata como a un berzotas.

¡Quién ajustara tus clavijas
arañando tu diapasón!
Dime ¿en qué parte cobijas
el secreto de mi canción?


© Juan Calle

Súplicas por Ciudad Juárez

Ojalá fueran alquimia
los versos que os envío
y padezcan de arritmias
quienes “ensangran” los ríos.

Ojalá Samalayuca
arrastre la esperanza,
y si la muerte se truca
que no sea por venganza.

Ojalá que Guadalupe
os tienda libre su manto
y los duelos no se engrupen
a lomos de nuestro llanto.

Ojalá que, desde el Cerro
Bola hasta el Chamizal,
no haya más plan gamberro
que la broma de un chaval.

Ojalá el río Bravo
acaudale las sonrisas
y poder llevar a cabo
vivir sin miedos ni misas.

Ojalá los homicidios
se acaben de una vez,
los culpables a presidio
por tanta gilipollez.

¡Y ojalá vaya bonito,
viva la madre que os trajo!
Brindo con este chupito:
¡Viva México, carajo!


© Juan Calle

miércoles, 25 de enero de 2017

Improvisación

Abusando de hospitalidad,
mis besos se quedaron en tu boca
con su maleta de espontaneidad,
y de pudor y vergüenza muy poca.

Mi sonrisa se tornó aún más terca
que la oscuridad de tu mirada
sabiendo de tus labios ya tan cerca
y de tus sueños sobre mi almohada.

Mis jeroglíficos se definieron
con los susurros de tus arrumacos
y mis versos entrelíneas prendieron,
con tu danza de suspiros, cardiacos.

Ahora que el tiempo sigue andando
y los vientos nos soplan sin favor
enmarco unas caricias surcando
los besos con derechos de autor

allende los mares y su horizonte,
hacia el otro confín del planeta.
¡Rimad, versos, llevad nuestro simbionte
hacia aquellas islas tan recoletas!


© Juan Calle

Al principio (principios de epopeya)

Al principio de los tiempos,
cuando el tiempo no existía,
surgieron los elementos:
Aire, tierra, fuego y agua.

La nada lo era todo
y eso no era de nadie
hasta que llegó el cobro
de recursos naturales.

Se hipotecaron las tierras,
ardieron los paraísos,
hubo un diluvio de guerras
y el viento se hizo cautivo.

A finales de los tiempos,
seccionados por minutos,
han surgido los lamentos
porque el mundo mata al mundo.

Todo tiene su escritura,
la nada duerme sin techo
y la vida se desahucia
a base de lanzamientos.

La DIGNIDAD de los tiempos
es un agujero oscuro
-con dominio, por supuesto-
tras el gravamen del mundo.


© Juan Calle


A propuesta de Eladio Méndez

Estrofa libre de avanzadilla para poesía épica.





Incluido en la página 28 del libro “Campamento dignidad: Poemas para la conciencia”. Más información en http://latrastiendademerida.blogspot.com.es/2013/04/presentacion-de-campamento.html. Todo un lujo compartir "páginas" de campaña con grandes autores... Gracias, Eladio.

Soy yo

Soy una máscara de Sade
sin mirada retrospectiva,
tengo el corazón de jade
y el futuro a la deriva.

Soy una sombra puesta al día,
emigrante sin pedigrí
de una patria de mancebía
con internet y al ralentí.

Soy la resaca marchitada
en el jardín de flores muertas
de la estación desbastada
después de no sonar la alerta.

Soy un lujo para la vida,
eso nunca lo he dudado,
tengo la mirada perdida
y mi fracaso consagrado.

Soy huella de un paso perdido
fosilizado por el tiempo
de cuando el ángel caído
tuvo su grave contratiempo.

Soy yo. Ahora que me ignoras
sabes a lo que atenerte,
mis versos son los que empeoran
la conciencia tras conocerte.


© Juan Calle

domingo, 22 de enero de 2017

La otra mano. Oda (la oda mano)

Insurgentemente, las venas
de la otra mano -ajenas
a las musas y sus cadenas-
se me revelan casi obscenas.

Entretanto, un cigarrillo
tiñe sus dedos amarillos.

Sólo sujeta el papel
a la diestra -cual alhamel-
o, a la boca, un moscatel.
La izquierda guía mi Babel.

Entretanto, otro pitillo
tiñe sus dedos amarillos.


© Juan Calle

Tararí

Yo quiero que tú, si quieres,
puedas jugar a los tronos,
entones los semitonos,
supliques a otros seres
-amén que no los hubiere
ni con pruebas de carbono-.
Para vivir como un mono
nadie te exige saberes.

De la misma forma, pido
que no vulneres mis creencias,
¡qué voy a hacer si la ciencia
tiene mucho más sentido!
Y, encima, he comprendido
que delinco por tenencia
de razón por disidencia
contra lo establecido.


Elije, pues, tú por ti,
y dame el mismo derecho
a golpearme en el pecho
buscando otro potpurrí
sin cruz, manto ni cañi,
con reinados en barbecho,
sin procesión en mi trecho,...
Basta ya de tararí.


© Juan Calle