Dicen que el tiempo da la razón.
Las flores que quisieron plantar,
como losas, en mi corazón
han empezado ya a marchitar.
Fuga perenne del desazón
con la que conseguí desbarbar
a esta hipócrita introspección:
¡Tendré, de nuevo, que inventariar!
Mi auto invectiva no impedirá
que se prolongue mi cicatriz.
Quien me critique no logrará
colar ideas por mi tamiz.
Yo apuesto contra mi canción,
echo cuentas, vuelvo a perder
y, para darle más emoción,
la tarareo sin componer.
Improviso notas en mi Lag
y un ukelele de Nueva York,
trasteo mis dedos en zigzag
mas no consigo que salga un rock.
Mi auto invectiva no impedirá
que vuelva a cometer un desliz.
Si me critican, qué más da,
más áspero será mi tamiz.
Dicen que el tiempo da la razón:
ahora duermo sobre el adoquín.
Abajo la discriminación;
cada cerdo con su sanmartín.
Es absurda cualquier recensión,
no acudiré al alfaquín.
Con esto acabo mi canción
que, como todo, tiene su fin.
© Juan Calle