Hay personas que pasan a mi lado
mirando de reojo y con asombro.
Es curioso, porque estoy recostado
y hay quien mira por encima del hombro.
No acostumbro a echarles cuenta,
paso de quien se da tanto postín,
tampoco me provoca ni una afrenta
o menos que este frío adoquín.
Busco entre mis bolsillos papel,
necesito salir de este cochambre,
y con un lápiz escribo en él:
¡Por todos los demonios, tengo hambre!
Para más colmo, anoche hizo frío
y aunque, poéticamente hablando,
quede bien decir que con el rocío
cada mañana me estoy levantando,
que el firmamento es manto de estrellas,
que me mece la luna hasta el día,
me cuestiono sobre tal epopeya
entre mi resfriado y la poesía.
Dicen que el hambre y el frío ayudan
al escritor a andar sobre el alambre,
puede ser pero hasta que estornudan
y yo ¡diablos, ahora tengo hambre!
© Juan Calle
No hay comentarios:
Publicar un comentario