El ser humano tardó en conquistar el paraíso
miles de años
y, mientras separaban las cenizas de su propio infierno,
le fue arrebatado
en apenas un mes por un dichoso virus.
Los únicos alaridos que se escucharon
fueron los lamentos solidarios y de reproches
que se arrojaron entre sí
a través de un inocuo sistema que idearon
para permanecer comunicados
llamado internet.
Y el confín del universo fue el confinamiento.