Las mil gaviotas de tu despedida
han sido todas enterradas ya
bajo los escombros de las envidias
que, por ti, rondaban en la ciudad,
hurgando sobre las viejas heridas
que no lograron dejar de sangrar.
Pues ni bajo este punto de vista
puedo enjuiciar si está bien o mal.
Tengo el temor de no comprender
lo que es la vida en la realidad.
Espero que los padres del saber
erraran con su forma de pensar.
No me puedo creer que exista algún dios
y, cada cual, con su definición.
Aquellos mirlos que te despertaban
emigraron, quizás hacia el sur.
Sientes esa ausencia cada mañana
y aún nadie te ha dedicado un blues.
Piensas sobre tu existencia sin ganas
y te jode arrastrar tu ataúd.
¿Y quién se sabe príncipe o rana,
o si todo acaba cuando tú?
Tengo el temor de no comprender
lo que es la vida en la realidad.
Espero que los padres del saber
erraran con su forma de pensar.
La única prueba de existir un dios
la puso el dinero y su ambición.
Mas hay quien piensa que, sobre estas cosas,
no se debería nunca pensar.
Tal vez, quien piensa es quien se equivoca
y, tal vez, nunca hallemos la verdad.
Tal vez, el rumor, de boca en boca,
nos evada de la realidad,...
Ayer se cayó una torre, se nota
que nada dura la eternidad.
Ya no le temo a no comprender
qué son la vida y la realidad.
A mis padres les debí el saber,
a mijita mi forma de pensar.
Si alguna vez existió algún dios
fue demagogia de una dilusión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario