Pensé que ya se habían expuesto
los vuelos de demasiados gorriones;
que ya no había más presupuesto
para hablar de besos con pretensiones;
que los rayos del sol causan tumores
-¡cómo compararlos con tu mirada!-;
que no hay alma, sino estertores,
y falsas promesas en la alborada;
y no quise enmendar las autorías
de l@s grandios@s poetas que leí:
confundí tu gesto cuando me leías,
pues en ningún momento advertí
que lo que tú, tan sólo, pretendías
es que yo lo creara para ti.
Pensé que la sed estaba saciada,
salvo en los pueblos del tercer mundo;
que, tras la muerte, no nos queda nada;
que era inútil todo cuanto fecundo;
que demasiadas flores marchitaron
al antojo de baldías ofrendas;
que a la luna ya la parcelaron;
que éramos mayores para leyendas;...
y no quise enmendar las autorías
de l@s grandios@s poetas que leí:
confundí tu gesto cuando me leías,
pues en ningún momento advertí
que lo que tú, tan sólo, pretendías
es que yo lo creara para ti.
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