Luz fugaz e intempestiva,
firmamento de farolas,
tenue onda expansiva
reflejada en las olas.
Así, mi sombra divaga
conteniendo las mareas
en el peaje que pagan
los mares ante la brea.
Las horas tornan maduras
en los sueños de personas,
el filo de la cordura
es la voz que desentona.
Un corazón me conmueve
con su ligero latido
apenas audible, leve,
tras su visillo tupido.
Por cima de mi cabeza
un biombo de negras nubes
me impide ver con certeza
la forma de mi querube.
El aire silba a su antojo,
juguetea con la arena
disimulando despojos
donde la mar no se drena.
No hay sirenas que canten,
al horizonte me quejo
arrojándole mi guante
que, en cambio, no llega lejos.
Empieza a asomar la luna,
observo todo desierto,
no queda razón ninguna
para soñar… Me despierto.
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