sábado, 11 de febrero de 2017

Pájaro sin nido

Tu voz no paró de temblar,
pequeño pájaro sin nido,
cuando me venías a dar
un beso en el paladar
cicatrizado de mi olvido.

Como los pájaros sin nido,
no entendías de fronteras
y llegabas hasta mi oído
como si te hubiera herido
haber soltado tus caderas.

Como quiera que consiguieras
levantarme del mausoleo
que es mi cama sin tus esferas,
quemé mis naves sin banderas
para convertirme en tu reo.

Y, aunque decirlo esté feo,
compartimos la misma jaula
mas el horizonte que veo
es tal y como lo deseo:
sin trampa ni carantamaula.


© Juan Calle

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