Tú buscaste en el fondo –el de los siete mares-
la llave que libera de la esclavitud.
En negras noches, tantos sueños nos albergaste
que el matiz de las sombras se encuentra en la luz.
Elevaste los valles y allanaste montañas
en busca de un oasis justo y en libertad,
pero jamás pudiste vivir ese mañana
en el que el sol no era firma de propiedad.
Nos mostraste los sanos y blanquecinos dientes
de la fe de la lucha desde la “No violencia”.
Y liberaste, incluso, tantas y tantas mentes
oprimidas y presas, carentes de indulgencia.
Estrechaste las manos entre blancos y negros
para entonar juntos “Somos libres al fin”.
En silencio, abriste cada camino bueno
que en ninguna batalla se pudo conseguir.
El día que osaste no subirte al bus
y caminaste en busca de lograr igualdad
por las calles del Norte, por las calles del Sur.
Aquel día nos diste la opción de soñar.
© Juan Calle
Nota.- Escrito sobre la base del discurso de Martin Luther King en Washington, a quien está dedicado.
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