Tras el fulgor de los ocasos,
los paisajes avivan llamas,
deseos que duermen al raso
y no se andan por las ramas.
Ese horizonte frataso
con las notas del pentagrama
que siempre llegan con retraso
de mi corazón a tu cama.
No busco ninguna excusa,
sólo voy uniendo fonemas
y surgen palabras intrusas,
aspirantes a ser poema.
Me ubico en la hipotenusa
de tu paciencia, por sistema;
mi gaya ciencia es infusa
y yo otro maldito problema.
Tan sólo soy un error craso,
desconozco cómo se ama,
sé bien de qué se me acusa
y que rompo con los esquemas.
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