domingo, 29 de enero de 2017

¡Ay, corazón!

Me contaba sus sueños de princesa
con voz susurrante bajo la luna,
afirmaba que se encontraba presa
en la celda de torre de alguna
incomprensión.

Yo me recostaba sobre sus senos
alzados firmemente y algo duros
y le contaba mis más y mis menos,
algunos proyectos, mis claroscuros
y una canción.

Ella me enseñó cómo se desglosa,
yo aprendí que no hay horizontes.
Sacó jugo a la más muerta rosa,
mientras yo cruzaba ríos y montes.
¡Ay, corazón!

El oscuro túnel de mis placeres
supuso la aduana para mi Edén,
sus pensamientos eran mis deberes
como para un vagabundo un andén
sin estación.

Tuve que lidiar con sus intenciones,
no soy un tipo que haga feliz.
Suplicaba en verso sus perdones
y le escribí sobre más de un desliz
¡Qué sinrazón!

El eco del cielo guarda a Teresa
al fondo de su mirada perdida
pues me enseñó a soñar con princesas
muy capaces de vaciarte la vida.
¡Ay, corazón!


© Juan Calle

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