La madrugada llora por tu ausencia,
la luna aleja su mirada ausente
y el cielo se convierte en una agencia
para amores urgentes.
Las farolas ensombrecen mis pasos,
los ocho vientos silban la canción
de tu olvido –ahogado en vasos-,
tal vez, sin ton ni son.
Las sonrisas indiscretas me miran
tras los visillos de la impertinencia
y las agujas del reloj deliran
buscando mi abstinencia.
La atmósfera me pide un cigarrillo,
me dice que es fumadora pasiva.
Lo prendo, la pinto a carboncillo
y aspira pensativa.
Los árboles hostiles bombardean
sin piedad en los capós de los coches,
los sueños fugitivos alardean
de sus dueños fantoches.
Los centinelas rinden a Morfeo
una clandestina celebridad,
una pareja se da un morreo
de una eternidad.
Las emisoras sintonizan penas
para noctámbulos mientras escribo,
los secretos salen de la alacena
y me pasan recibo.
La atmósfera pide otro pitillo,
yo ya sé que es fumadora pasiva.
Lo prendo, la pinto a carboncillo
y aspira pensativa.
© Juan Calle
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