Nö hace falta que disimules
manipulando mil excusas,
busqué debajo de tu blusa
el blues de tus ojos azules
y me encadenaste al nido
del tedio con tus leotardos
ahogando mi voz de bardo
y mis sueños ya se han ido.
Tengo cinco estrellas
guardadas en mi patio
de media pensión
junto a una botella
de cuarenta y seis vatios
y, en conservación,
un corazón sin brillo
al candor de un pitillo.
Al principio, fueron promesas,
pentagramas sobre la cama,
besos de andar por las ramas,
sueños fútiles en calesa
que se fueron desvaneciendo
a medida que mis legañas
te convertían en extrañas
albas que iban envejeciendo.
Tengo cinco estrellas
asediando mi patio
de media pensión.
Guardo en la botella
de cuarenta y seis vatios
su conversación.
Al candor de un pitillo
voy perdiendo mi brillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario