jueves, 20 de abril de 2017

Tras el faro de Dakar

-cuartetas para Ángel Petisme-


Corren tiempos represivos,
de gobiernos heredados,
de censores coactivos
y corruptos respaldados.

Se negocia con el miedo,
se rescata a los raptores,
guardan luto los albedos
y se desahucia a menores.

Hay que derribar murallas,
fronteras con concertinas;
borrar del agua las rayas
y desahumar las cortinas.

Nos faltan más insumisos,
más acción y movimiento.
Se precisan compromisos
y un nuevo renacimiento;

menos cohechos habidos,
más abriles y más mayos,
más claveles y latidos,
sin déspotas ni lacayos;

recuperar la memoria
de todos los olvidados,
pasar curso en historia
con presente aprobado.

Pero existe en Mamelles
un corazón con luz propia,
un barco maño sin muelles (1)
que despierta de la inopia,

una tristeza de lujo,
un billete sin caricias,
una verdad sin tapujos,
el faro de las pudicias,

un Pöe-mail sin Edgar Allan, (2)
la huella de las ciudades,
los confines que señalan
que no hay trivialidades.

Sopla el viento por popa,
debemos izar las velas:
ya guardaremos la ropa
cuando se gaste la suela

de las retinas leyendo
“El faro de Dakar”.      
                                            Gracias,
Petisme, por seguir siendo
ministro… de las acracias.



Escrito con algunas referencias del poemario y cancionero de Ángel Petisme.
1.- Perdón por la rima forzada
2.- Leer: un poemail sin cuentos fantásticos

jueves, 6 de abril de 2017

Para ti

Pensé que ya se habían expuesto
los vuelos de demasiados gorriones;
que ya no había más presupuesto
para hablar de besos con pretensiones;

que los rayos del sol causan tumores
-¡cómo compararlos con tu mirada!-;
que no hay alma, sino estertores,
y falsas promesas en la alborada;

y no quise enmendar las autorías
de l@s grandios@s poetas que leí:
confundí tu gesto cuando me leías,
pues en ningún momento advertí
que lo que tú, tan sólo, pretendías
es que yo lo creara para ti.

Pensé que la sed estaba saciada,
salvo en los pueblos del tercer mundo;
que, tras la muerte, no nos queda nada;
que era inútil todo cuanto fecundo;

que demasiadas flores marchitaron
al antojo de baldías ofrendas;
que a la luna ya la parcelaron;
que éramos mayores para leyendas;...

y no quise enmendar las autorías
de l@s grandios@s poetas que leí:
confundí tu gesto cuando me leías,
pues en ningún momento advertí
que lo que tú, tan sólo, pretendías
es que yo lo creara para ti.