Acalla mis estruendosos silencios,
miénteme con cierto aire turbado;
igual que los amantes del invierno
durante las tormentas de verano.
Aplaca los llantos de mi impotencia,
bésame con celo y con avaricia,
y afila el odio con que la inercia
se encargará de cubrirte de heridas.
Tan sólo soy un poeta cobarde,
de baja pasión y sueños ruidosos,
con los sentimientos a pie de fraude
y de pulso en continuo reposo.
Y vendrá el título del poema,
coagulará la sangre del verso,
ya no querrás lamer más sus eccemas
y habré de buscar un poema nuevo.
© Juan Calle
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