viernes, 7 de septiembre de 2018

Para Antoñito

El maestro Olaya planea 
una catedral a sindios, 
patrón de vergüenzas ateas: 
no hay como él tres, ni dos. 

El buen mercader de Venecia 
orina desde un vaporetto 
pero tiene la peripecia 
de señalar a un Capuleto. 

Con virulencia sevillana 
trajo a Moguer un Olimpo 
para ponerlo de peana 
de su cerveza, si le entra himpo. 

Lía bocetos que se fuma 
en tos sostenida mayor, 
no hay riesgo que no asuma 
y siempre firma al portador. 

No tiene alas ni las quiere, 
"la Fermi se ocupa de eso", 
ser mente libre no requiere 
de plumas para volar preso. 

Sobre los cielos de su selva 
las nubes cruzan pasajeras 
para que nadie las envuelva, 
son sus paisanas forasteras. 

A sus altares se accede
por la senda del "born not to lose",
donde el punto se fuga adrede
por la escalera de Penrose.

Brother que inquiere sin pregunta
para barajar más respuestas,
riega trazos de flor con punta
y su elocuencia manifiesta.

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