El maestro Olaya planea
una catedral a sindios,
patrón de vergüenzas ateas:
no hay como él tres, ni dos.
El buen mercader de Venecia
orina desde un vaporetto
pero tiene la peripecia
de señalar a un Capuleto.
Con virulencia sevillana
trajo a Moguer un Olimpo
para ponerlo de peana
de su cerveza, si le entra himpo.
Lía bocetos que se fuma
en tos sostenida mayor,
no hay riesgo que no asuma
y siempre firma al portador.
No tiene alas ni las quiere,
"la Fermi se ocupa de eso",
ser mente libre no requiere
de plumas para volar preso.
Sobre los cielos de su selva
las nubes cruzan pasajeras
para que nadie las envuelva,
son sus paisanas forasteras.
A sus altares se accede
por la senda del "born not to lose",
donde el punto se fuga adrede
por la escalera de Penrose.
Brother que inquiere sin pregunta
para barajar más respuestas,
riega trazos de flor con punta
y su elocuencia manifiesta.
Brother que inquiere sin pregunta
para barajar más respuestas,
riega trazos de flor con punta
y su elocuencia manifiesta.
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