Las caracolas reproducen
el ruido del mar con sordina.
Convivir no es aquel cruce
de canciones y serpentina.
Las balas no saben silbar,
las derrotas no son bailadas.
No queda sitio en el mar
para lágrimas derramadas.
Las bombas no llevan el ritmo,
los fusiles me semifusan,
la plata es el logaritmo
de quienes del poder abusan.
Las fronteras del pentagrama
sin ton ni son marcan el rol.
Las marchas son un melodrama
lejos de la clave del Sol.
Los acordes de nuestra amnesia
nos educaron en el credo
de patrias, como sinestesia
de inocularnos tanto miedo.
Las sectas orquestan los odios,
el fuego nos quemó las manos,
sólo aspiramos al podio
de vencer a nuestros hermanos.
Y, mientras, yo sólo escribo.
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